BS.F.: 17 trimestre creciendo la economía, inflación, desabastecimiento y desconfianza

Por Estrella Gutiérrez

CARACAS, ene (IPS) – Venezuela estrenó el año con nueva moneda, el bolívar fuerte, que elimina tres ceros de la anterior denominación, en una reconversión sin antecedentes, pero cuyos efectos positivos parecen corroídos por una desbordada inflación y un entorno económico de desconfianza.

“La reconversión es un logro histórico, que se necesitaba hacia tiempo, pero que necesitaba antes recuperar la economía y abatir la inflación”, explicó el presidente Hugo Chávez el domingo 6.

La nueva moneda nace respaldada por 17 trimestres seguidos de crecimiento del producto interno bruto, con un promedio de 11,8 por ciento, y que en 2007 fue de 8,4 por ciento, en una expansión sostenida por la bonanza de precios petroleros.

Pero el mismo presidente dio la clave de la debilidad con que llega el bolívar fuerte: el fracaso en ponerle bridas a una inflación que en 2007 fue de 22,5 por ciento, el doble de la meta prevista, y que los analistas vaticinan podría alcanzar a 30 por ciento este año.

“En inflación estamos más que reprobados”, admitió Chávez, en su programa dominical “Alo Presidente”, en el que presentó a su renovado gabinete, con cambios en las dos carteras directamente responsables de este fracaso: Planificación y Finanzas.

Con la reconversión monetaria, Venezuela cuenta con seis nuevos billetes y siete monedas, que van desde 100 bolívares fuertes (46,5 dólares), hasta los 10 céntimos.

Los dos bolívares convivirán para las transacciones en efectivo durante al menos seis meses, aunque desde el 1 de enero todas las cifras financieras, bancarias y comerciales se expresan exclusivamente en la nueva moneda.

Con excepción de Colombia, Venezuela era la única economía sudamericana que no había afrontado todavía una reconversión monetaria, recordó a IPS el economista oficialista Tobías Nobrega, quien fue ministro de Finanzas de Chávez en 2002 y 2003.

Nobrega y su sucesor Rodrigo Cabezas, quien comandó el proceso de reconversión hasta su cese el día 4, consideraron que el bolívar fuerte es un instrumento indispensable para adecuar la moneda venezolana a los signos monetarios del Mercado Común del Sur (Mercosur), con el que el país está en proceso de adhesión plena.

Chávez fue aún más allá en el “objetivo progresivo” de su gobierno con el bolívar fuerte en materia de integración latinoamericana. Tras la integración al Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) “vamos a ir a una moneda única sudamericana, que comienza a avanzar con el nacimiento del Banco del Sur (en diciembre) y del banco del ALBA”, dijo.

El ALBA es la Alternativa Bolivariana de las Américas, iniciativa de Chávez, al igual que el Banco del Sur, en el que también participan Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Paraguay y Uruguay, además de Chile como observador, y que tiene un capital inicial de 7.000 millones de dólares.

El bolívar fuerte, cuya implementación tuvo un costo reconocido de 20 millones de dólares, presenta la ventaja de la simplificación y eficiencia de la contabilidad a todos los niveles, así como el manejo de la moneda y el circulante, explicó Nobrega.

Pero la necesaria corrección del deterioro del bolívar como mecanismo de pago por la erosión de su valor se produce en un momento inoportuno, “porque se lanza una moneda que se llama fuerte en un momento de debilidad”, debido a la imparable inflación, según el economista opositor Orlando Ochoa.

“El bolívar fuerte ha nacido devaluado”, además, por otras distorsiones que afectan la economía y neutralizan los efectos positivos de la expansión económica para la gente, como son el control de cambios y de precios, el desabastecimiento crónico y el desestímulo a la producción, puntualizó Ochoa.

La reconversión monetaria ha sido acompañada de una ley de ilícitos cambiarios que sanciona duramente la transacción no oficial entre el dólar y el bolívar, cuya paridad está fijada en 2,15 unidades por divisa. También prohíbe toda información sobre el mercado negro, donde el dólar más que duplicaba el valor oficial al finalizar 2007.

Domingo Maza, uno de los economistas principales de la izquierda tradicional y director del Banco Central entre 1994 y 2006, consideró que la reconversión no tiene precedentes en la historia de Venezuela “por su carácter horizontal y vertical y la incorporación al cono monetario de nuevas denominaciones en monedas y billetes”.

Pero la nueva moneda “nace en un entorno muy desfavorable e inoportuno” por la distorsión de varios parámetros económicos, “lo que puede alimentar la confusión e incertidumbre sobre el futuro inmediato”, afirmó Maza a IPS.

“A la gente se le vendió que la nueva moneda traería beneficios concretos en materia de inflación, y la realidad es que no va a controlar los precios, sino que, al contrario, puede alimentarlos por redondeos especulativos, y ello va a conllevar a la frustración”, dijo.

El veterano economista y antiguo dirigente comunista recordó que el bolívar fue muy estable y con alta capacidad de compra desde su nacimiento, en 1878, hasta fines de la década de los 70. De hecho, citó, se usaba como moneda de cambio en los países vecinos y formó parte de la cesta de monedas del Fondo Monetario Internacional.

Pero ahora, así tenga el nombre de fuerte, se enfrenta a una desconfianza interna y externa en la economía venezolana, pese a la larga bonanza de los precios del petróleo del que dependen en 90 por ciento de las divisas del país.

Esa desconfianza es alimentada, dijo Maza, “por la alta conflictividad política y la fracasada política de control burocrático de precios” de unos 400 rubros, con la consecuente caída en la inversión y la productividad y el desabastecimiento crónico de bienes alimentarios básicos.

“Hay una manifiesta contradicción entre la expansión económica y los elevados precios petroleros con el clima de desconfianza en la moneda y en el futuro”, precisó Maza, para quien sólo una estrategia “que impulse la paz política y pública creará un entorno favorable en lo psicológico y lo real para la moneda que ahora comienza su andadura”.

El gobierno y el Banco Central han insistido en que la nueva moneda coincide con una situación social favorable, cuando el salario mínimo equivale a 286 dólares y la pobreza logró reducirse entre 2003 y 2007 de 54 por ciento a 27 por ciento. Pero los economistas recuerdan que esa misma mejoría en los ingresos provoca una demanda de bienes que presiona los precios y aumenta la escasez de alimentos.

Además, “la mitad de la población activa opera en la economía informal que no tiene los beneficios del sistema, y la inflación en alimentos fue de 32 por ciento y en salud de 38 por ciento, pese a los controles de precios, y eso no hay ingreso que lo resista en los sectores medios y bajos”, comentó el analista César Aristimuño.

En la calle la gente ha aceptado sin entusiasmo aparente, pero también sin problemas, la llegada de la nueva moneda, cuyos seis billetes comenzaron a circular en la primera semana de enero y las monedas a partir de la segunda. “El único susto fue cuando revisé mi saldo el primero y vi que tenía 2.000 bolívares y no dos millones”, comentó el oficinista Mario Vélez.

“Este más que un bolívar fuerte es un bolívar flojo (perezoso)”, dijo a IPS el taxista Rubén Osorio, que sólo comenzó a recibir nuevos billetes de sus clientes el día 4. “Con todos los que he hablado entienden bien la moneda, pero nadie cree que mejore nada, aparte de llevar menos plata (dinero) en el bolsillo”, añadió.

“Se están usando mucho las tarjetas para evitar pagar en efectivo”, contó Yajaira Sánchez, cajera de un gran supermercado que, como los trabajadores bancarios, ha recibido cursos para adaptarse al nuevo cono monetario, donde hay más monedas y billetes que con el viejo bolívar.

La nota divertida la puso Claudio Nazca, un humorista que comentó que ésta ha sido su oportunidad de multiplicar su generosidad. “Ahora pago 300 bolívares por un almuerzo y dejo propinas de 10.000 bolívares. Eso me va a durar hasta junio”, afirmó.

También el camionero Pedro Blanco, oriundo del noroccidental estado de Barinas como Chávez, bromeó al observar los nuevos billetes con imágenes de personajes de alto valor étnico y nacionalista propios de la revolución bolivariana impulsada por el mandatario.

“Aja, acá tenemos nuestro querido oso frontino”, comentó a IPS al ver el reverso del papel de 50 bolívares. “Yo creía que estaba extinto. Pero bueno, si no logramos que siga en nuestros bosques, los de Barinas lo solucionamos colocándolo en nuestros billetes”. (FIN/2008)

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